Albóndigas en salsa de vino blanco: la receta de mi casa, sencilla y sabrosa

Albondigas al vino blanco en cazuela de barro

Hay sabores que te devuelven de golpe a la infancia, y para mí, estas albóndigas en salsa de vino son ese viaje. Llevan en mi mesa tantos años que ya ni me acuerdo de cuando las probé la primera vez y empecé a prepararlas; es uno de esos platos que siempre han estado ahí.

¿Por qué después de tanto tiempo no me canso de ellas? Pues porque son lo más socorrido del mundo. Las dejas hechas de un día para otro y están hasta más ricas, le gustan a todo el mundo (que eso ya es un ¡triunfo!) y, lo mejor de todo, es que pueden comer muchos por muy poco dinero, que tal como están las cosas, se agradece.

Eso sí, no te voy a engañar: son sencillas pero tienen su aquel porque son un pelín laboriosas. Yo, para no agobiarme, siempre hago lo mismo: preparo la masa el día antes. La dejo reposando en la nevera bien tapada y a la mañana siguiente solo tengo que terminarlas. Es el truco para que queden con más sabor y no se te haga pesado el proceso.

Estas albóndigas son un éxito seguro, sobre todo si las acompañas de un buen arroz blanco suelto o unas patatas artesanas.

Está claro que con cuatro ingredientes básicos se puede sacar un platazo. ¡Prepara pan, que la salsa lo pide!

Ingredientes para las albondigas al vino blanco

Mis secretos para que queden perfectas

Como te decía, el reposo de la masa en la nevera es innegociable si quieres que las albóndigas cojan bien el sabor del adobo. Pero aquí van un par de detalles más que he aprendido con los años:

  • El vino importa: No hace falta que sea una joya de coleccionista, pero usa uno que te beberías. Si el vino es peleón, la salsa quedará ácida y estropeará el trabajo.
  • El sellado: No las frías demasiado. Solo queremos que se doren por fuera para que el jugo se quede dentro. Luego, con el "chup-chup" de la salsa, se terminarán de hacer y quedarán tiernas, no como piedras.
  • ¿Salsa muy líquida?: Si ves que te queda clarita, un truco de siempre es machacar una de las albóndigas en la misma salsa o añadir un pelín de harina de maíz disuelta en frío.

Preparados, listos, a cocinar ...

Un consejo, si tienes dudas con estas recetas, déjame un comentario en redes sociales @todocooking 🙂

Albóndigas caseras en salsa de vino blanco

Receta por Noemí
Clase de receta: Plato Principal, Segundo PlatoCocina: Española, MediterráneaDificultad: Fácil
Comensales

8

Comensales
Preparación

20

minutos
Cocinado

40

minutos
Calorías

420

kcal
Tiempo total

1

hora 

La receta de toda la vida, adaptada para cocinar a fuego lento en cazuela y conseguir un resultado espectacular. Un plato de albóndigas muy económico, con mucho ajo y una salsa de vino blanco ligada, ideal para dejar preparada con antelación. Es el plato perfecto para comer muchos por poco dinero y disfrutar de la cocina de siempre.
**** Las calorías están calculadas para una ración (4-5 albóndigas con su salsa).

Ingredientes

  • 1 kg y medio de carne picada mixta: Yo siempre pido mitad cerdo y mitad ternera para que queden jugosas.

  • 2 huevos: Para amalgamar bien la masa.

  • 1 cabeza de ajo: Bien picaditos o machacados (reservar 3 o 4 dientes para la salsa).

  • 3 cucharadas de pan rallado: Lo justo para darles cuerpo sin que queden mazacotes.

  • Perejil fresco picado: Al gusto, que le da mucha alegría.

  • Sal y pimienta negra: Recién molida, siempre da más sabor.

  • Harina de freír: Para rebozarlas antes de pasarlas por la sartén.

  • Aceite de oliva suave: Para freírlas y que queden bien selladas.

  • Para la salsa de vino blanco (en cazuela):
  • 1 cebolla grande: Picadita muy fina para que se deshaga en el sofrito.

  • 3-4 dientes de ajo: Pelados y laminados o enteros (según os guste encontrarlos).

  • 2 vasos de un buen vino blanco: Recuerda, ¡uno que te beberías! Es el alma de la salsa.

  • 3 vasos de caldo de pollo o carne (lo necesario para cubrir las albóndigas hasta la mitad).

  • 1 cucharada de harina de maíz ((tipo Maizena): Disuelta en un pelín de agua fría o caldo para trabar la salsa y que quede ligada.

  • Sal y pimienta: Para ajustar el punto final.

Elaboración

  • Aliñar la carne con fundamento: En una fuente grande, ponemos el kilo y medio de carne picada. Picamos casi toda la cabeza de ajos bien finita (reservando solo 3 o 4 dientes para la salsa después) y la añadimos a la carne junto con los dos huevos, el perejil fresco y la sal y pimienta al gusto. Mezclamos bien con las manos para que ese adobo llegue a cada rincón de la carne; este es el secreto para que tengan tanto sabor.
  • Dar el punto a la masa: Vamos agregando el pan rallado poco a poco. Buscamos una pasta homogénea; ni muy dura (que luego quedan secas) ni muy blanda. El punto justo es cuando puedes trabajarla bien con las manos sin que se te pegue en exceso.
  • Formar y enharinar: Hacemos bolitas del mismo tamaño (para que se cocinen por igual) y las pasamos ligeramente por harina, sacudiendo el sobrante para no ensuciar el aceite.Preparando las albondigas
  • Sellar las albóndigas: En una sartén con aceite bien caliente, las freímos por tandas. No hace falta que se hagan del todo por dentro, solo queremos dorarlas para que guarden su jugo. Las sacamos a un plato con papel absorbente y reservamos.
  • El sofrito de la salsa: En la cazuela donde vayamos a guisarlas, ponemos 4 o 5 cucharadas del aceite de freír (filtrado). Echamos la cebolla picadita y 2 o 3 de dientes de ajo laminados. Pochamos a fuego lento hasta que la cebolla esté transparente y empiece a coger color.
  • Reducir el vino y añadir el caldo: Sube un poco el fuego y vierte los 2 vasos de vino blanco. Deja que hierva unos minutos para que se evapore el alcohol. A continuación, añade el caldo de pollo (con unos 2 vasos y medio o 3 será suficiente). Recuerda lo que siempre digo: el líquido debe quedar más o menos por la mitad de las albóndigas, sin llegar a cubrirlas del todo, para que la salsa reduzca bien y quede concentrada. Salpimenta al gusto (ten en cuenta el caldo de pollo que ya lleva sal).
  • El chup-chup en la cazuela: Una vez que el caldo y el vino han empezado a hervir, es el momento de incorporar las albóndigas que teníamos reservadas. Como ya hemos ajustado el líquido para que las cubra solo hasta la mitad, ahora solo queda bajar el fuego y dejar que se cocinen tapaditas a fuego suave.
  • Trabar la salsa con la harina de maíz: Cuando lleven unos 10-15 minutos de cocción, cogemos la cucharada de harina de maíz (tipo Maizena) y la disolvemos bien en un culín de caldo frío. La añadimos a la cazuela y, la movemos con un vaivén suave para que se reparta bien. Verás cómo la salsa empieza a coger ese cuerpo y ese brillo tan rico en unos minutos.
  • El reposo final: Tras unos 20 minutos de cocción total, apagamos el fuego. Mi consejo de siempre: no las sirvas inmediatamente. Déjalas reposar unos minutos en la cazuela para que los sabores se terminen de asentar y la salsa termine de ligar del todo. ¡Ahora sí que están listas para disfrutar con un buen trozo de pan!

Notas

  • El secreto del reposo: Si puedes, aliña la carne el día anterior y dejala en la nevera. Los sabores del ajo y el perejil penetrarán en la carne y las albóndigas estarán infinitamente más ricas.
  • ¿Se pueden congelar? ¡Rotundamente sí! De hecho, al ser una receta de 1,5 kg, yo suelo congelar la mitad en un táper con su salsa. Aguantan de maravilla hasta 3 meses. Descongélalas siempre en la nevera, nunca a temperatura ambiente.
  • ¿Y si la salsa queda clara? Si os gusta la salsa más oscura, puedes añadir una pizca de azafrán o un chorrito pequeño de salsa de soja (¡un truco moderno que le da un color precioso!).
  • Para los más peques: Si en casa no quieren encontrarse trozos de cebolla o ajo, pasa la salsa por la batidora después de reducir el vino y el caldo, y antes de echar las albóndigas. Quedará una crema fina deliciosa.
  • El punto de la carne: No escatimes en el frito inicial (el sellado). Debe ser rápido y a fuego fuerte para que el jugo se quede dentro y no se te sequen luego en la cazuela.
  • Acompañamiento estrella: Aunque con patatas fritas están de muerte, prueba a servirlas con un poco de arroz blanco redondo. El arroz absorbe la salsa de vino blanco que es una locura.

Datos nutricionales

  • Tamaño de las raciones: 300g
  • Raciones: 1
  • Calorías: 420kcal
  • Carbohidratos: 12g
  • Proteínas: 35g
  • Grasas: 24g
  • Grasas saturadas: 8g
  • Grasas poliinsaturadas: 2.8g
  • Grasas monoinsaturadas: 12.5g
  • Grasas trans: 0.2g
  • Colesterol: 95mg
  • Sodio: 780mg
  • Potasio: 480mg
  • Fibra: 1.2g
  • Azúcar: 1.5g
  • Vitamina A: 120IU
  • Vitamina C: 4.5mg
  • Calcio: 45mg
  • Hierro: 3.2mg

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¿Con qué las acompaño?

En mi casa, estas albóndigas son las reinas, pero una buena guarnición es clave. Lo más clásico son unas patatas fritas en dados, que se empapen bien de la salsa.

Si quieres algo más ligero, un poco de arroz blanco o incluso un buen puré de patata casero le van de cine. Eso sí, lo que es obligatorio de verdad es un buen trozo de pan. Te aviso que esta salsa es de las de no dejar ni rastro en el plato.

Dudas que te pueden surgir (y mis respuestas)

A veces me escribes con algunas dudas cuando te pones manos a la obra, así que te dejo por aquí lo que más suelo contestar después de tantos años haciendo este plato:

  • ¿Se pueden congelar? ¡Rotundamente sí! De hecho, yo suelo hacer el doble de cantidad y congelo la mitad con su salsa. Aguantan de maravilla hasta 3 meses. Eso sí, descongélalas poco a poco en la nevera, no a lo loco.
  • ¿Qué carne compro? Yo siempre uso una mezcla de ternera y cerdo al 50%. La ternera da el sabor y el cerdo ese puntito de jugosidad que hace que no se te queden secas.
  • ¿Puedo usar vino blanco? Claro que sí. Con vino blanco la salsa queda más suave y ligerita, mientras que el tinto le da un color y un cuerpo más intenso. ¡A gustos los colores!
  • No tengo pan para la masa, ¿qué hago? Si no tienes pan del día anterior, puedes usar pan de molde mojado en leche o incluso un par de cucharadas de pan rallado, aunque el pan "de verdad" le da una textura mucho más auténtica.
Albondigas al vino blanco partidas para ver la textura

Cómo recalentar las albóndigas para que no se sequen

Como te decía al principio, estas albóndigas están más buenas de un día para otro, pero hay que saber darles calorcito para que no pierdan su gracia:

  • Evita el microondas si puedes: El micro tiende a dejar la carne un poco gomosa.
  • A fuego lento: Lo mejor es ponerlas en un cazo o en la misma cazuela a fuego muy suave y tapadas.
  • El toque de alegría: Si ves que la salsa ha espesado demasiado en la nevera (es normal, por la gelatina de la carne), añade un chorrito pequeño de agua o de caldo antes de calentar. Remueve con cuidado y verás que recupera ese brillo y textura del primer día.

¡A disfrutar de estas albóndigas!

Espero que te animes con esta receta porque, de verdad, es de las que te salvan la semana y te alegran el día. Ya sabes que en la cocina lo mejor es el cariño que le ponemos, y este plato es puro mimo. Si las haces en casa, no olvides contarme qué te han parecido, ¡me hace muchísima ilusión leer vuestros comentarios!

Y si en tu casa sois tan "fans" de las albóndigas como en la mía, no te pierdas éstas otras versiones que tengo publicadas en el blog y que también salen de cine:

¡Nos vemos en la siguiente receta y a mojar mucho pan!

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